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La historicidad de la Revelación.

            



Por: Lic. Sergio D´Onofrio

                La Revelación es sin duda un hecho histórico, y muy probablemente el suceso que marcó un antes y un después en la historia humana. La historicidad de la Revelación se explica en dos sentidos o también dos etapas, estas son historicidad de Dios y la historicidad de la teología. Una vez más se reúnen estas dos ciencias que a su vez se complementan la una a la otra.

            La historicidad de la teología.

            La teología es la ciencia de Dios y del conocimiento que el ser humano tiene sobre él. Se concentra sobre todo en la relación constante y eterna de Dios con su creación, y cuando Dios interviene en lo temporal, surge la historicidad de la teología.  

            Cuando la teología plantea la veracidad histórica de la Revelación o historicidad de la misma, lo realiza desde dos perspectivas:

            Primero, existe revelación categórica de Dios, es decir, aquellos acontecimientos de la historia del mundo en que Dios se manifiesta a sí mismo. Obviamente, para un cristiano el acontecimiento histórico por excelencia en el que Dios se revela a sí mismo es Jesucristo.[1]

            Dios que está por encima de todo tiempo y lugar, se sumerge en el mundo humano para encarnarse en el seno de la Santísima Virgen María y nacer para redimir a toda la humanidad. Este es el culmen de los acontecimientos históricos donde Dios interviene para revelare a sí mismo a los Hombres, dado que anteriormente fue revelándose a los profetas del pueblo de Israel, preparando el camino para la llegada de nuestro Señor Jesucristo.

            La segunda revelación se sucederá producto de la revelación trascendental, originada en el deseo mismo de Dios de comunicarse a sí mismo a cada hombre y a cada mujer y su deseo de que todas las personas humanas se salven. Puesto que el deseo de Dios es universal y puesto que cada hombre sólo puede salvarse por medio de la gracia, se sigue que la gracia se ofrece a toda persona.”[2] Por lo tanto, si Dios se revela al género humano completo, esto es de manera universal, podemos inferir entonces que existe una intervención dentro de la historia universal, puesto que el mismo hombre es histórico y si Dios es atemporal, necesariamente interviene en la historia humana, pero en esta oportunidad la revelación misma de Dios se da en lo más profundo del ser humano de una manera implícita.

            Las dos posturas postuladas por la teología convergen en la finalidad de la interpretación de la historicidad de la Salvación. Sin embargo, han surgido diferentes opiniones sobre la primacía o importancia de una sobre la otra.

            “Karl Rahner pone mayor énfasis en la revelación trascendental, y contempla la revelación categórica en cuanto que sirve de expresión en el nivel objetivo ala oferta de Dios de sí misma en el nivel trascendental. En la interpretación de Rahner la revelación categórica interpreta a la trascendental. Él sostiene que la libertad trascendental del hombre sigue siendo básicamente ambigua sin la ayuda de la revelación categórica de Dios de sí mismo en la historia. Para Kasper, la apertura del hombre al futuro es apertura a un horizonte infinito, que puede interpretarse en un sentido panteísta, teísta o ateo. Sólo la revelación de Dios de sí mismo de forma categórica en la historia resuelve el dilema de la libertad y de la historicidad humanas. Para Kasper es la historia la que interpreta la trascendentalidad del hombre, no viceversa.”[3]

  

            La historicidad de Dios

            En este punto se sigue analizando la intervención divina de Dios en el espacio tiempo, es decir la historia misma de la humanidad. A partir de este punto de quiebre en la historia universal se tomará el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo como división entre la historia antigua y moderna (a.C- d.C.)

            El estudio de la realidad histórica de Dios, esto es la intervención divina de Dios en la realidad temporal humana, realizada en la persona de nuestro Señor Jesucristo, ha llevado a los teólogos a concentrar sus fuerzas en evitar un deísmo o un teísmo (conduciendo este último a un ateísmo, dado que, si a Dios no le importa nada de su creación, es por lo tanto un Dios muerto).

            Volviendo al eje central que es la exposición de la historicidad de Dios, esto es la capacidad misma de Dios de hacerse temporal y estando a su vez por encima de todo tiempo y lugar (homnipoténte, homniciente y homnipresente) podemos inferir que Dios no permanece inerte ni inmutable a los asuntos humanos.

            El ser de Dios no es estático. Más bien el ser de Dios debe incluir algo análogo al devenir. En última instancia, este devenir, que no es el devenir de una criatura finita, sólo puede entenderse en términos trinitarios. Jüngel habla del ser de Dios como una triple venida. Dios viene de sí mismo (Padre), Dios va a sí mismo (Hijo), Dios viene como Dios (Espíritu Santo). Hay un movimiento en Dios, del Padre al Hijo en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la garantía de la unidad del amor trinitario y de su infinita plenitud.”            

            Dios nos manifiesta su amor a través de Jesucristo, quien además de ofrecer su vida por nosotros, nos revela este ser dinámico de Dios en la relación entre Padre con el Hijo y el Espíritu Santo, (entiéndase las tres personas de la Santísima Trinidad).

            Para Balthasar, el ser de Dios es el acontecimiento de la autodonación del Padre y la respuesta obediente del Hijo, que contiene una fertilidad desbordante que es el Espíritu Santo. Para todos estos autores el acontecimiento es que Dios es tan dinámico, fértil y altruista que se abre al mundo. El ser de Dios es un ser de movimiento extático. El Espíritu Santo completa el círculo de amor y es a la vez la infinita fertilidad de amor al mundo, y así puede describirse como el éxtasis de Dios. El amor de Dios no está retenido para sí mismo, sino que es don libre para el mundo.”[4]   

            La historicidad de la revelación, es la presencia misma de Dios en la historia, que tiene su culmen en la encarnación misma de nuestro Señor Jesucristo, el Dios hecho Hombre que da la vida por la humanidad, y con su resurrección paga la deuda infinita que el Hombre tenía para con Dios. Cristo marca un antes y un después en el tiempo, pese a quien le pese, guste o no guste, Dios existe e interviene en la historia sin dejar de estar por encima de ella, Cristo es Dios, Cristo es REY.

                           

Bibliografía

BOURKE. J.V. The Essential Augustine. X. Philosophy of History, The New American Library, New York 1964, p. 220-221; tradución de Víctor Cano http://www.rodin.org.mx/patrologia/agu/agustin_b10.html [3O de marzo 2021]

MODULO I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año 2021.



[1]MODULO I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año 2021. Pág 54

[2]Ibidem. Opc. Cit. Pág 54

[3]MODULO I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año 2021. Pág 55

 

[4]MODULO I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año 2021. Pág 57 


[1]MODULO I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año 2021. Pág 54

[2]Ibidem. Opc. Cit. Pág 54

[3]MODULO I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año 2021. Pág 55

 



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