La
Revelación es sin duda un hecho histórico, y muy probablemente el suceso que marcó
un antes y un después en la historia humana. La historicidad de la Revelación se
explica en dos sentidos o también dos etapas, estas son historicidad de Dios y
la historicidad de la teología. Una vez más se reúnen estas dos ciencias que a
su vez se complementan la una a la otra.
La historicidad de la teología.
La teología es la
ciencia de Dios y del conocimiento que el ser humano tiene sobre él. Se
concentra sobre todo en la relación constante y eterna de Dios con su creación,
y cuando Dios interviene en lo temporal, surge la historicidad de la
teología.
Cuando la teología plantea la veracidad
histórica de la Revelación o historicidad de la misma, lo realiza desde dos
perspectivas:
Primero, existe
revelación categórica de Dios, es decir, aquellos acontecimientos de la
historia del mundo en que Dios se manifiesta a sí mismo. Obviamente, para un
cristiano el acontecimiento histórico por excelencia en el que Dios se revela a
sí mismo es Jesucristo.[1]
Dios
que está por encima de todo tiempo y lugar, se sumerge en el mundo humano para
encarnarse en el seno de la Santísima Virgen María y nacer para redimir a toda
la humanidad. Este es el culmen de los acontecimientos históricos donde Dios interviene
para revelare a sí mismo a los Hombres, dado que anteriormente fue revelándose
a los profetas del pueblo de Israel, preparando el camino para la llegada de
nuestro Señor Jesucristo.
La
segunda revelación se sucederá producto de la revelación trascendental, originada
en el deseo mismo de Dios “de comunicarse a sí mismo
a cada hombre y a cada mujer y su deseo de que todas las personas humanas se
salven. Puesto que el deseo de Dios es universal y puesto que cada hombre sólo
puede salvarse por medio de la gracia, se sigue que la gracia se ofrece a toda
persona.”[2]
Por
lo tanto, si Dios se revela al género humano completo, esto es de manera
universal, podemos inferir entonces que existe una intervención dentro de la
historia universal, puesto que el mismo hombre es histórico y si Dios es
atemporal, necesariamente interviene en la historia humana, pero en esta
oportunidad la revelación misma de Dios se da en lo más profundo del ser humano
de una manera implícita.
Las dos posturas postuladas por la
teología convergen en la finalidad de la interpretación de la historicidad de
la Salvación. Sin embargo, han surgido diferentes opiniones sobre la primacía o
importancia de una sobre la otra.
“Karl Rahner pone mayor énfasis
en la revelación trascendental, y contempla la revelación categórica en cuanto
que sirve de expresión en el nivel objetivo ala oferta de Dios de sí misma en
el nivel trascendental. En la interpretación de Rahner la revelación categórica
interpreta a la trascendental. Él sostiene que la libertad trascendental del
hombre sigue siendo básicamente ambigua sin la ayuda de la revelación
categórica de Dios de sí mismo en la historia. Para Kasper, la apertura del
hombre al futuro es apertura a un horizonte infinito, que puede interpretarse
en un sentido panteísta, teísta o ateo. Sólo la revelación de Dios de sí mismo
de forma categórica en la historia resuelve el dilema de la libertad y de la
historicidad humanas. Para Kasper es la historia la que interpreta la
trascendentalidad del hombre, no viceversa.”[3]
La historicidad de Dios
En este punto se sigue analizando la
intervención divina de Dios en el espacio tiempo, es decir la historia misma de
la humanidad. A partir de este punto de quiebre en la historia universal se
tomará el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo como división entre la
historia antigua y moderna (a.C- d.C.)
El
estudio de la realidad histórica de Dios, esto es la intervención divina de Dios
en la realidad temporal humana, realizada en la persona de nuestro Señor
Jesucristo, ha llevado a los teólogos a concentrar sus fuerzas en evitar un deísmo
o un teísmo (conduciendo este último a un ateísmo, dado que, si a Dios no le
importa nada de su creación, es por lo tanto un Dios muerto).
Volviendo
al eje central que es la exposición de la historicidad de Dios, esto es la
capacidad misma de Dios de hacerse temporal y estando a su vez por encima de
todo tiempo y lugar (homnipoténte, homniciente y homnipresente) podemos inferir
que Dios no permanece inerte ni inmutable a los asuntos humanos.
“El
ser de Dios no es estático. Más bien el ser de Dios debe incluir algo análogo
al devenir. En última instancia, este devenir, que no es el devenir de una
criatura finita, sólo puede entenderse en términos trinitarios. Jüngel habla
del ser de Dios como una triple venida. Dios viene de sí mismo (Padre), Dios va
a sí mismo (Hijo), Dios viene como Dios (Espíritu Santo). Hay un movimiento en
Dios, del Padre al Hijo en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la garantía
de la unidad del amor trinitario y de su infinita plenitud.”
Dios nos manifiesta su amor a través de
Jesucristo, quien además de ofrecer su vida por nosotros, nos revela este ser
dinámico de Dios en la relación entre Padre con el Hijo y el Espíritu Santo, (entiéndase
las tres personas de la Santísima Trinidad).
“Para
Balthasar, el ser de Dios es el acontecimiento de la autodonación del Padre y
la respuesta obediente del Hijo, que contiene una fertilidad desbordante que es
el Espíritu Santo. Para todos estos autores el acontecimiento es que Dios es
tan dinámico, fértil y altruista que se abre al mundo. El ser de Dios es un ser
de movimiento extático. El Espíritu Santo completa el círculo de amor y es a la
vez la infinita fertilidad de amor al mundo, y así puede describirse como el
éxtasis de Dios. El amor de Dios no está retenido para sí mismo, sino que es
don libre para el mundo.”[4]
La
historicidad de la revelación, es la presencia misma de Dios en la historia, que
tiene su culmen en la encarnación misma de nuestro Señor Jesucristo, el Dios hecho Hombre que da la vida por la humanidad, y con su resurrección paga la
deuda infinita que el Hombre tenía para con Dios. Cristo marca un antes y un
después en el tiempo, pese a quien le pese, guste o no guste, Dios existe e
interviene en la historia sin dejar de estar por encima de ella, Cristo es
Dios, Cristo es REY.
Bibliografía
BOURKE.
J.V. The
Essential Augustine. X. Philosophy of History, The New American Library,
New York 1964, p. 220-221; tradución de Víctor Cano http://www.rodin.org.mx/patrologia/agu/agustin_b10.html
[3O de marzo 2021]
MODULO
I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año
2021.
[1]MODULO
I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año
2021. Pág 54
[2]Ibidem. Opc. Cit. Pág
54
[3]MODULO
I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año
2021. Pág 55
[4]MODULO I. Los
tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año 2021. Pág 57
[1]MODULO
I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año
2021. Pág 54
[2]Ibidem. Opc. Cit. Pág
54
[3]MODULO
I. Los tiempos antiguos y medievales. Universidad Católica de La Plata. Año
2021. Pág 55

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